martes, 18 de abril de 2017

La palabra poética en la primera infancia

  

 Versos en el tiempo. Escuela y tradición oral


La propuesta de trabajo presentada consistió en una jornada para primer ciclo de encuentro con las familias para que junto a los alumnos y alumnas se vivenciara un espacio de juegos, recuerdos, cantos y otras situaciones que hicieran de puente con la palabra poética. En un primer grado se tomarán las canciones de cuna y arrullos; en segundo, los juegos que se relacionan estrechamente con el recitado de fórmulas, estribillos, rondas, etc. y en tercero, se propondrá el trabajo con coplas, adivinanzas, trabalenguas, payadas, refranes y dichos populares.
Uno de los propósitos de este plan de trabajo tiene como norte ir hacia ese bagaje que los niños poseen desde su más temprana edad y que  muchas veces no es recuperado ni puesto en escena para valorarlo y sentirlo como fundamental base para continuar en el camino de la lectura en general y de la palabra poética en particular, además de poner en valores lo que la familia posee como riqueza cultural, memoria de sus antepasados y que transmite de manera natural e intuitiva.
Esta mirada sobre la riqueza cultural que las voces familiares siembran en los oídos de los niños y niñas halla su fundamento en las palabras de Yolanda Reyes cuando dice que: ”… los arrullos (…) esos primeros libros sin páginas que escribimos en la piel y en la memoria del bebé parecen responder a su necesidad de leer con el oído y con el tacto”[1]. Desde antes de nacer escuchamos palabras, nos rodean sonidos, arrullos, cantos y es lo que alimenta ese “universo imaginario”[2] del que habla María Cristina Ramos y es por ello que la escuela debe tomar este itinerario poético que en general todos los niños poseen para continuarlo, acrecentarlo, regarlo para que siga creciendo y en el caso de no existir por adolecer las familias de este tipo de transmisión, sembrar y llenar esos huecos, provocando una igualdad de condiciones para todos los niños al acercamiento a la palabra literaria que construye esos universos imaginarios, ya que esa es una de las funciones de la escuela.
El trabajo con las nanas y canciones de cuna nos lleva a ese momento íntimo que la figura de la madre crea con su bebé.
Con la poesía, nos relacionamos, incluso, antes de asomarnos a la vida: cuando, todavía en el interior del vientre materno, sentimos las vibraciones de la voz de nuestra madre entonando una canción de cuna o un arrullo.
El encuentro primigenio con la poesía se produce a través de la relación madre-hijo. Son las nanas con que la madre duerme a su criatura o que le susurra para hacerle sentir su cariño:
Este niño lindo
que nació de día
quiere que lo lleven
a la dulcería

Este niño feo
que nació de noche
quiere que lo lleven
a pasear en coche.[3]

Por ello es que esto debe tomarse en la escuela y continuar su desarrollo natural en los niños para ir adentrándolos en la lectura, que al comienzo será a través de la voz de sus maestros. Es el docente el que mediará entre las obras literarias y los niños y niñas que lo escucharán y acrecentarán sus universos imaginarios. De ahí la importancia de su rol como mediador. María Cristina Ramos, con respecto a esto deja muy claro cómo debe ser ese adulto que elija las obras para ofrecer a sus alumnos: “Habrá que hacerse lector. (…) Alguien tendrá que acercar el libro, en lo posible con las mismas manos de la caricia (…). Alguien tiene que decir que había una vez, en un lugar muy lejano, un castillo con una torre donde vivía un prisionero que no hacía otra cosa que soñar su libertad. Alguien tiene que ayudarte a salir de la prisión, para poder probar la libertad de leer.”[4] Esa lectura es la que debe brotar a partir de esos primeros acercamientos que los docentes debemos provocar, como dice Ramos, de nuestra mano, para que poco a poco se vaya afianzando
como un ejercicio del alma, de la pasión y la búsqueda de goce y descubrimiento personal.

Se lee para expandir la vida, la existencia, la experiencia. Después de leer una obra valiosa de ficción, nuestro horizonte debería ser más amplio, deberíamos sentirnos más sabios, porque hemos absorbido otro mundo a nuestro universo mental.[5]

Tal es la importancia de la lectura y la importancia de nuestras prácticas docentes que tomen en cuenta la inclusión de textos valiosos desde la más temprana edad.

La elección de seguir trabajando  en segundo grado con literatura de la tradición oral relacionada con el juego, no sigue otra intención que la que lleva intrínsecamente la esencia de la poesía, que es el juego: con las palabras, con los sonidos, con los significados que provoca… entre otras muchas cosas…

La poesía solo tendrá sentido en la escuela cuando el acercamiento a ella esté desprovisto de ese carácter práctico que por lo general tratamos de imponerle. La presencia de la poesía en ese espacio adquirirá su verdadero sentido cuando leamos versos por gusto, sin esperar nada como recompensa, sin esperar que, después de leer unos versos, nuestros alumnos sean más sabios o más buenos, sino más plenos como seres humanos.[6]

El trabajo en tercer grado con las coplas, adivinanzas, refranes tiene por objetivo continuar el recorrido con la palabra poética que está presente en la vida de los niños y que llega a modo de juego, de enigma y sintético conocimiento popular. La idea es desplegar frente a los niños y niñas los textos que ellos conocen y transformarlos en escenas poéticas, sencillas, cotidianas para que asocien sus sonidos, frases, significados y puedan recrearlos de una manera creativa, propia y de esa forma experimentar el valor lúdico y plurisignificativo de la palabra. Evelyn Torres nos habla acerca de estos primeros acercamientos a la literatura en la primera infancia y nos dice sobre ello:

“Las lecturas simples e ingenuas de las presencias del mundo se realizan por primera vez en la niñez. Las imágenes más sencillas, a partir de ese momento, se duplican, se asocian, se acomodan. Los espacios internos se hinchan de posibilidades para sentir, percibir y saber del mundo, la lectura y el pensamiento se integran en un espacio para la comprensión. Para ello, la lectura necesita de espacios de reposo, de un “acurrucamiento” activo de la palabra que recrea lo vivido para que las imágenes se hagan de un lugar y, poco a poco, de un lugar renovado sin cesar.”[7]

La escuela debe proponer estos espacios y  momentos de juego y acercamiento a la poesía con la seguridad y el convencimiento de que tiene como función acrecentar lo que los niños traen en su recorridos poéticos, acompañados por el juego con el cuerpo, el espacio, las miradas y todo aquello que acompañe en el crecimiento de los niños como lectores y oidores de poesía y por qué no, en su futuro, creadores de poesía o simplemente ciudadanos capaces de vivir su cotidianeidad de la forma más poética que prefieran.





[1]Reyes, Y. (2016), La casa imaginaria. Lectura y literatura en la primera infancia, Buenos Aires, Norma – p. 41.
[2]Ramos, M.C. (2012), Los pasos descalzos. Aproximación a la narrativa y a la poesía para niños, Buenos Aires, Ed. Lugar – p. 12
[3]Andricaín-Rodríguez (2009); Escuela y poesía ¿Y qué hago con el poema?, Buenos Aires, Lugar Editorial
[4]Ramos, M. C., op. cit. p. 14
[5]Ramos, M. C. op. cit. p. 15
[6]Andricaín-Rodríguez, op. cit. p. 14
[7]Torres, E.; Palabras que acunan. Cómo favorecer la disposición lectora en bebés, Banco del Libro. P. 17