viernes, 27 de enero de 2017

Reseña

El aprendiz de Mario Méndez
Ilustraciones de Rodrigo Luján
(2010) Colonia Suiza
Editorial Alfaguara

Desde las primeras palabras que la voz de la novela pronuncia en el prólogo, nos vemos ubicados en un escenario que sentimos conocido: el  Cabildo, 1807, Plaza de la Victoria, Hipólito Vieytes… desde acá en adelante, sabemos que la historia de Saturnino va a estar enmarcada en otra Historia, con mayúsculas, porque es la de nuestro país.
Nino, es el protagonista de su historia, es él quien nos da a conocer cómo fue su desarrollo personal, profesional, espiritual y patriota al contarnos sobre sus aventuras, amores y decisiones. Como la Patria, este aprendiz de periodista vive las peripecias propias del crecimiento, con momentos de peligro, de pruebas, avances, logros.
La vida de Nino transcurre en lugares reales de nuestra ciudad como la Casa de Niños Expósitos, donde fue abandonado al nacer y el Convento de San Francisco; también se menciona, entre muchos lugares que existieron, el taller de don Hipólito Vieytes, donde se imprimía el Semanario de agricultura, industria y comercio que luego se transformaría en la jabonería donde se realizaban las reuniones políticas que “trazaban los planes de la futura Independencia”[1]. Nino relata, como buen aprendiz de periodista, los acontecimientos que él mismo vivencia como la primera y segunda invasión inglesa, el abandono de la ciudad de Sobremonte, la reconquista, la formación de la Primera Junta de gobierno entre otros acontecimientos. Muchos personajes que circundan su vida fueron los que dejaron su huella real en el camino de nuestra historia como  French, Rodríguez Peña, Liniers, Beruti, Castelli.
Es la historia sentimental entre Nino y Lucía la excusa para ver crecer ese amor, con las mismas dificultades con que se afianza la creación de un país soberano. Nos compenetramos y conmovemos con el dolor que provocan la distinción de clases sociales, la intolerancia, la indiferencia, actitudes estas que atentan contra la unión de estos dos personajes que son hijos de un Buenos Aires colonizado que está transformándose y dando los primeros pasos en la construcción de su independencia.
Así como crece y vence el amor, y al fin Nino logra casarse con Lucía, a pesar de la irrevocable negativa del señor Fuenlabrada, así también vencen los patriotas y logran declarar un gobierno propio, libre de los lazos de un país colonizador.
Nino es un personaje inquieto, con metas altas, casi imposibles, en la época en que le tocó vivir, de alcanzar para un niño huérfano, sin una familia de apellido noble, sin dinero heredado o logrado por su actividad comercial; sin embargo logra realizarse, aprende a escribir, lucha, se arriesga, nunca se muestra desesperanzado ni desvalido a pesar de su humilde origen: abandonado, amamantado por una esclava negra. No se resigna a su destino de expósito que no tiene derecho a aprender a leer y que debe resignarse a tareas de servidumbre para familias adineradas. Él lucha por lo que quiere: aprender a leer, ser escritor, conseguir el amor de Lucía y casarse con ella.
La clave es la acción, el fortalecimiento de los valores y el crecimiento personal a través del esfuerzo, la perseverancia, la constancia tanto en el plano personal como ciudadano. Él se convirtió en un héroe, en su vida personal, superando las pruebas y demostrando que era merecedor del amor de una joven de sociedad y en la vida de su ciudad, demostrando a su maestro, que él también, puede ser el mejor aprendiz de escritor, de periodista y de hombre patriota que toma como armas las palabras que transmiten las ideas y libertad, igualdad y superación constante.

Prof. María Verónica Yubrin
Noviembre de 2016
Para el Seminario de Literatura Infantil-Juvenil dictado
por la Prof. Lidia Blanco en La Nube



[1]pág. 60

Reseña

Pistas para encontrar el camino al propio conocimiento


 

Gambaro, Griselda.
Los dos Giménez. Buenos Aires. Alfaguara, 2011.
Ilustraciones de Roberto Cubillas
 

Los dos Giménez se presenta como una novela policial clásica, con los elementos típicos del género: un crimen, un detective, pistas, sospechosos, una investigación, pasos fallidos, caminos que llevan a falsos culpables…, pero también como una novela que invita a leer en su recorrido otras historias, o mejor dicho, a realizar otras lecturas que, además de la búsqueda de culpables pone al servicio de los jóvenes lectores otras búsquedas: de respuestas, de posiciones frente a dilemas tales como la justicia, la moral, la verdad y también sobre qué son en realidad estas dimensiones que conforman nuestra personalidad.
Es toda la novela, un escenario de dualidades que el lector irá descubriendo a medida que avance en la trama, comenzando desde el título que nos plantea que nos encontraremos con dos personajes de apellido Giménez. ¿Serán hermanos? ¿Será el mismo con dos personalidades? ¿Serán contemporáneos? ¿Habrá otra clase de parentesco? Es esta una invitación a una atmósfera donde se nos presentará a lo largo de la historia el encuentro con situaciones dobles, dentro de la historia y en los elementos narrativos del texto.
Nos introduce en la historia y en el espacio una voz que se presenta como plural, colectiva…

Cuando pensamos, efectivamente, que nada alterará las costumbres ni la convivencia, cualquier hecho de siniestra naturaleza nos despierta del sopor y nos obliga a permanecer con el alma en un hilo.
Y es porque es la voz del pueblo, quien se muestra, en este primer momento, como el presentador de esta obra, callado testigo de los hechos que nos irá mostrando las acciones, las dudas, las emociones de los implicados en este primer crimen que se sucede en el pueblo de Pico Dormido. Pero una vez que nos coloca en este escenario, este pueblo casi imperceptiblemente cambia de voz y se convierte en un omnisciente narrador en tercera persona, que nos lleva a recorrer todo el pueblo, nos narra sus recuerdos y nos relata las emociones y pensamientos de sus habitantes, sobre todo de aquellos que de alguna manera están parados en el escenario de esta obra que se presenta dramática, aunque con logrados y sofisticados momentos de humor. Aquí otra dualidad que nos permite entender que aún, en situaciones de dramatismo, podemos considerar que puede haber otros planos menos críticos y dolorosos en la diversidad de los habitantes de este rústico pueblo del interior de nuestro país.
El perro le movió la cola y Giménez lo miró malévolo, era muy inteligente y solo le faltaba hablar. ¿Y si detuviera al perro? [...] ¿Pero cómo lo llevaría preso? ¿Esposado, con bozal, a patadas y empujones tironeando de la correa? Y cuando le quitara el bozal, ¿cómo lo interrogaría? Le contestaría con ladridos. Sumado a estos inconvenientes, también el perro tenía una buena coartada: en el agobio del día había dormido la siesta en su cucha…
Llega a ser tanta la desesperación de este ayudante del comisario, devenido en investigador, que piensa en llevar como sospechoso a un perro.
Cumple esta novela con todos los requisitos de la novela policial clásica, pero además, introduce algunos aspectos del policial negro al mostrarnos que, una vez hallado al culpable, no es ese el objetivo final de la trama, sino la historia de la duda, el surgimiento de una angustia en el personaje principal de tener que tomar una decisión. A partir de entonces estamos frente al debate entre resolver el caso o callar para proteger, para preservar un sentimiento que surge de los recuerdos y de la compasión. Es una invitación a la participación activa del lector a tomar también una postura e ir acompañando el devenir de los hechos, participando en las mismas dudas que el personaje/investigador. Nadie puede quedar indiferente frente a esta otra dualidad que presenta la historia: mostrar la verdad u ocultarla; seguir los pasos de la ley, abstracta, ciega, imparcial o escuchar los sones de otras leyes, de la amistad, de la contemplación de las circunstancias. Hay también una crítica al sistema establecido y a sus actores funcionales a él: un comisario incompetente, inescrupuloso, que solo piensa en un ascenso y no comparte con su ayudante, convertido en investigador, los ideales de justicia y verdad.
El personaje de Facundo Giménez se construye a la luz de su entorno, un jefe de laxa moral, compañeros poco diestros en su oficio, empleados y funcionarios que trabajan a desgano y con pocas ilusiones. Incluso la víctima se muestra como un ser que si bien, se deja muy en claro que no merece la muerte, ni la forma en que le llegó, se vinculaba con sus vecinos de manera ventajosa y usurera. En este contexto, el protagonista no se deja contaminar por esta atmósfera de casi nula superación personal y profesional y se erige como una especie de líder que poco a poco va mostrando a los personajes de su pueblo cuál es el camino a seguir, cuál es el camino que él eligió y con el cual llegó a la verdad.

El comisario Epiconsaitt se opuso terminantemente, tanto a cerrar la causa como a dicho veredicto, considerando que así se agraviaba no solo a la justicia sino también a su propia persona. Adiós a sus ilusiones de aparecer con uniforme de gala en televisión o en la tapa de los diarios; humo su ascenso a comisario mayor.
[...] El crimen se esclarecería, aunque tuviera que estrangular al ayudante Giménez para obtener resultados.
Ajeno a estos propósitos sangrientos del comisario, el ayudante Giménez tampoco pensaba abandonar la investigación, si bien por otras razones. Tenía un afán justiciero y ni soñaba con ser ascendido, seguía la investigación porque quería resolverla.

Pico Dormido es un pequeño pueblo, con escasos recursos para tener un detective, de ahí que ante este primer caso de asesinato, el comisario encarga esta búsqueda del culpable a su ayudante en la comisaría que, entre otras funciones, también realiza trabajos de jardinería y reparaciones en su casa. Esta búsqueda, será también la búsqueda de su identidad, de su lugar en esa comunidad de hombres y mujeres simples y, de alguna manera, también del amor.
¿Quién es el otro Giménez? Podría llegar a ser el que completa al primer Giménez. Facundo y Francisco se complementan y colaboran mutuamente en la construcción de sus vidas. Son amigos y antagonistas por momentos; son perseguido y perseguidor, pero la búsqueda de verdad y justicia los hace comprender la necesidad de ceder y resolver sus cuestionamientos morales.
¿Puede el lector implícito descifrar el misterio, discernir cuál es el verdadero secreto a resolver en esta historia? Están dadas todas las condiciones para que un lector atento pueda adquirir estrategias para leer los signos que en el relato se presentan. Tanto personajes como las voces narradoras que aparecen, dejan los intersticios necesarios para que el lector construya con su mirada personal el significado íntimo y único que cada lectura provoca.
El juego de los dobles se presenta en múltiples aspectos y elementos de la historia, como ya lo mencionamos: en las voces narrativas (primera/tercera; plural/singular), el clima tenso/distendido por momentos de humor, los dos Giménez. Pero también nos encontramos con las dos historias de ambos Giménez, con dos culpables, uno voluntario y el otro sin la voluntad de delinquir, dos caminos a tomar, la presencia de dos clases de conducta moral en un pueblo que posee dos posibles fechas de fundación.
Pero como las dos letras t del comisario Epicosaintt, que luego se transforman en una, la historia puede mostrar, y ser esa una de sus posibles lecturas, que el camino a tomar siempre debe ser uno, el que uno se decida a construir, pasando por dudas, búsquedas, renuncias, decisiones, diferentes tomas de postura frente a un mismo hecho. Que una historia posea estas ventanas y abra el juego a sus lectores indica que estamos frente a una posibilidad de brindar a los jóvenes una posibilidad de enfrentarse a una lectura que les permita construir significados y conocer cómo es la formación de la propia personalidad y ahondar en el propio conocimiento a partir de las decisiones que se aprenden a tomar.

Los dos Giménez es una oportunidad de mostrar a los jóvenes lectores un ejemplo de cómo se construye una trama policial, pero también es una oportunidad para brindar una lectura enriquecida por las múltiples capas de interpretación que propone para formar a un lector activo, inquieto, comprometido y siempre en búsqueda de su propia definición como lector.

Profesora María Verónica Yubrin