miércoles, 30 de agosto de 2017

Cuatro elementos

Gotas, gotas…
en un mar de ardor y polvo
¿Quién me puede enseñar a
respirar?
Como un terrón de libertad
Como un río de chispas
Como en vuelo hacia un pozo
Me siento flama, viento marrón
fogata de humedad
lluvia de calor

María Verónica Yubrin

Arco iris

No te fijes qué hora es.
La lluvia, muy tranquilamente
está empezando a caer…

Qué lindo es ver este cuadro
pisando las sábanas,
asomando mi cara,
comenzando a crecer.

¿Cómo caen las gotas?
¿Desde dónde? ¿Para quién?
¡Qué raro es este mundo!
Que estoy empezando a conocer…

Allá va mi padre
caminando entre las gotas,
decidiendo que ya es hora
de algo hacer aparecer…

¿Cómo hiciste, padre mío?
¿Dónde están los colores?
¿Dónde tienes los pinceles?
¡Quiero ese secreto tener!

De sus manos salieron colores
que en el cielo aparecieron.
¡Qué bonito es todo eso!
No preguntes qué hora es.


María Verónica Yubrin

Poesía gráfica


Arco iris

           No recuerdo la edad que tenía, pero haciendo cálculos con situaciones de mudanzas y esas cosas, deduzco que tenía menos de cinco años cuando viví esta simpática situación. Vivíamos los tres, mis papás y yo, en un departamento, muy chiquito, en la terraza de un edificio que ellos cuidaban como encargados.
El hecho que voy a narrar sucedió un día de lluvia, por la tarde quizá, o tal vez, media mañana… Yo miraba caer las gotas por la ventana, parada en la cama, asomando casi medio cuerpo y de repente…
Mi papá salió del departamentito, con su ropa de trabajo, con una llave inglesa en la mano y cuando lo vi que ajustaba una especie de canilla (ahora me doy cuenta de que sería una llave de agua o algo por el estilo) al mismo tiempo se formaba el arco iris. En mi ingenuidad y uniendo ambas acciones, razoné que el que había hecho aparecer el arco iris, había sido mi papá, al hacer girar la canilla con esa llave inglesa.
El arco iris, rápidamente desapareció y yo salí corriendo a decirle que lo haga aparecer nuevamente. Él me miró y no comprendió lo que yo quería (creo que ni siquiera se dio cuenta de que había salido el arco iris). Siguió su camino y yo me quedé algo confundida, porque su gesto fue algo hosco. Yo me quedé pensando en que él tenía una llave mágica.

martes, 18 de abril de 2017

La palabra poética en la primera infancia

  

 Versos en el tiempo. Escuela y tradición oral


La propuesta de trabajo presentada consistió en una jornada para primer ciclo de encuentro con las familias para que junto a los alumnos y alumnas se vivenciara un espacio de juegos, recuerdos, cantos y otras situaciones que hicieran de puente con la palabra poética. En un primer grado se tomarán las canciones de cuna y arrullos; en segundo, los juegos que se relacionan estrechamente con el recitado de fórmulas, estribillos, rondas, etc. y en tercero, se propondrá el trabajo con coplas, adivinanzas, trabalenguas, payadas, refranes y dichos populares.
Uno de los propósitos de este plan de trabajo tiene como norte ir hacia ese bagaje que los niños poseen desde su más temprana edad y que  muchas veces no es recuperado ni puesto en escena para valorarlo y sentirlo como fundamental base para continuar en el camino de la lectura en general y de la palabra poética en particular, además de poner en valores lo que la familia posee como riqueza cultural, memoria de sus antepasados y que transmite de manera natural e intuitiva.
Esta mirada sobre la riqueza cultural que las voces familiares siembran en los oídos de los niños y niñas halla su fundamento en las palabras de Yolanda Reyes cuando dice que: ”… los arrullos (…) esos primeros libros sin páginas que escribimos en la piel y en la memoria del bebé parecen responder a su necesidad de leer con el oído y con el tacto”[1]. Desde antes de nacer escuchamos palabras, nos rodean sonidos, arrullos, cantos y es lo que alimenta ese “universo imaginario”[2] del que habla María Cristina Ramos y es por ello que la escuela debe tomar este itinerario poético que en general todos los niños poseen para continuarlo, acrecentarlo, regarlo para que siga creciendo y en el caso de no existir por adolecer las familias de este tipo de transmisión, sembrar y llenar esos huecos, provocando una igualdad de condiciones para todos los niños al acercamiento a la palabra literaria que construye esos universos imaginarios, ya que esa es una de las funciones de la escuela.
El trabajo con las nanas y canciones de cuna nos lleva a ese momento íntimo que la figura de la madre crea con su bebé.
Con la poesía, nos relacionamos, incluso, antes de asomarnos a la vida: cuando, todavía en el interior del vientre materno, sentimos las vibraciones de la voz de nuestra madre entonando una canción de cuna o un arrullo.
El encuentro primigenio con la poesía se produce a través de la relación madre-hijo. Son las nanas con que la madre duerme a su criatura o que le susurra para hacerle sentir su cariño:
Este niño lindo
que nació de día
quiere que lo lleven
a la dulcería

Este niño feo
que nació de noche
quiere que lo lleven
a pasear en coche.[3]

Por ello es que esto debe tomarse en la escuela y continuar su desarrollo natural en los niños para ir adentrándolos en la lectura, que al comienzo será a través de la voz de sus maestros. Es el docente el que mediará entre las obras literarias y los niños y niñas que lo escucharán y acrecentarán sus universos imaginarios. De ahí la importancia de su rol como mediador. María Cristina Ramos, con respecto a esto deja muy claro cómo debe ser ese adulto que elija las obras para ofrecer a sus alumnos: “Habrá que hacerse lector. (…) Alguien tendrá que acercar el libro, en lo posible con las mismas manos de la caricia (…). Alguien tiene que decir que había una vez, en un lugar muy lejano, un castillo con una torre donde vivía un prisionero que no hacía otra cosa que soñar su libertad. Alguien tiene que ayudarte a salir de la prisión, para poder probar la libertad de leer.”[4] Esa lectura es la que debe brotar a partir de esos primeros acercamientos que los docentes debemos provocar, como dice Ramos, de nuestra mano, para que poco a poco se vaya afianzando
como un ejercicio del alma, de la pasión y la búsqueda de goce y descubrimiento personal.

Se lee para expandir la vida, la existencia, la experiencia. Después de leer una obra valiosa de ficción, nuestro horizonte debería ser más amplio, deberíamos sentirnos más sabios, porque hemos absorbido otro mundo a nuestro universo mental.[5]

Tal es la importancia de la lectura y la importancia de nuestras prácticas docentes que tomen en cuenta la inclusión de textos valiosos desde la más temprana edad.

La elección de seguir trabajando  en segundo grado con literatura de la tradición oral relacionada con el juego, no sigue otra intención que la que lleva intrínsecamente la esencia de la poesía, que es el juego: con las palabras, con los sonidos, con los significados que provoca… entre otras muchas cosas…

La poesía solo tendrá sentido en la escuela cuando el acercamiento a ella esté desprovisto de ese carácter práctico que por lo general tratamos de imponerle. La presencia de la poesía en ese espacio adquirirá su verdadero sentido cuando leamos versos por gusto, sin esperar nada como recompensa, sin esperar que, después de leer unos versos, nuestros alumnos sean más sabios o más buenos, sino más plenos como seres humanos.[6]

El trabajo en tercer grado con las coplas, adivinanzas, refranes tiene por objetivo continuar el recorrido con la palabra poética que está presente en la vida de los niños y que llega a modo de juego, de enigma y sintético conocimiento popular. La idea es desplegar frente a los niños y niñas los textos que ellos conocen y transformarlos en escenas poéticas, sencillas, cotidianas para que asocien sus sonidos, frases, significados y puedan recrearlos de una manera creativa, propia y de esa forma experimentar el valor lúdico y plurisignificativo de la palabra. Evelyn Torres nos habla acerca de estos primeros acercamientos a la literatura en la primera infancia y nos dice sobre ello:

“Las lecturas simples e ingenuas de las presencias del mundo se realizan por primera vez en la niñez. Las imágenes más sencillas, a partir de ese momento, se duplican, se asocian, se acomodan. Los espacios internos se hinchan de posibilidades para sentir, percibir y saber del mundo, la lectura y el pensamiento se integran en un espacio para la comprensión. Para ello, la lectura necesita de espacios de reposo, de un “acurrucamiento” activo de la palabra que recrea lo vivido para que las imágenes se hagan de un lugar y, poco a poco, de un lugar renovado sin cesar.”[7]

La escuela debe proponer estos espacios y  momentos de juego y acercamiento a la poesía con la seguridad y el convencimiento de que tiene como función acrecentar lo que los niños traen en su recorridos poéticos, acompañados por el juego con el cuerpo, el espacio, las miradas y todo aquello que acompañe en el crecimiento de los niños como lectores y oidores de poesía y por qué no, en su futuro, creadores de poesía o simplemente ciudadanos capaces de vivir su cotidianeidad de la forma más poética que prefieran.





[1]Reyes, Y. (2016), La casa imaginaria. Lectura y literatura en la primera infancia, Buenos Aires, Norma – p. 41.
[2]Ramos, M.C. (2012), Los pasos descalzos. Aproximación a la narrativa y a la poesía para niños, Buenos Aires, Ed. Lugar – p. 12
[3]Andricaín-Rodríguez (2009); Escuela y poesía ¿Y qué hago con el poema?, Buenos Aires, Lugar Editorial
[4]Ramos, M. C., op. cit. p. 14
[5]Ramos, M. C. op. cit. p. 15
[6]Andricaín-Rodríguez, op. cit. p. 14
[7]Torres, E.; Palabras que acunan. Cómo favorecer la disposición lectora en bebés, Banco del Libro. P. 17

viernes, 27 de enero de 2017

Reseña

El aprendiz de Mario Méndez
Ilustraciones de Rodrigo Luján
(2010) Colonia Suiza
Editorial Alfaguara

Desde las primeras palabras que la voz de la novela pronuncia en el prólogo, nos vemos ubicados en un escenario que sentimos conocido: el  Cabildo, 1807, Plaza de la Victoria, Hipólito Vieytes… desde acá en adelante, sabemos que la historia de Saturnino va a estar enmarcada en otra Historia, con mayúsculas, porque es la de nuestro país.
Nino, es el protagonista de su historia, es él quien nos da a conocer cómo fue su desarrollo personal, profesional, espiritual y patriota al contarnos sobre sus aventuras, amores y decisiones. Como la Patria, este aprendiz de periodista vive las peripecias propias del crecimiento, con momentos de peligro, de pruebas, avances, logros.
La vida de Nino transcurre en lugares reales de nuestra ciudad como la Casa de Niños Expósitos, donde fue abandonado al nacer y el Convento de San Francisco; también se menciona, entre muchos lugares que existieron, el taller de don Hipólito Vieytes, donde se imprimía el Semanario de agricultura, industria y comercio que luego se transformaría en la jabonería donde se realizaban las reuniones políticas que “trazaban los planes de la futura Independencia”[1]. Nino relata, como buen aprendiz de periodista, los acontecimientos que él mismo vivencia como la primera y segunda invasión inglesa, el abandono de la ciudad de Sobremonte, la reconquista, la formación de la Primera Junta de gobierno entre otros acontecimientos. Muchos personajes que circundan su vida fueron los que dejaron su huella real en el camino de nuestra historia como  French, Rodríguez Peña, Liniers, Beruti, Castelli.
Es la historia sentimental entre Nino y Lucía la excusa para ver crecer ese amor, con las mismas dificultades con que se afianza la creación de un país soberano. Nos compenetramos y conmovemos con el dolor que provocan la distinción de clases sociales, la intolerancia, la indiferencia, actitudes estas que atentan contra la unión de estos dos personajes que son hijos de un Buenos Aires colonizado que está transformándose y dando los primeros pasos en la construcción de su independencia.
Así como crece y vence el amor, y al fin Nino logra casarse con Lucía, a pesar de la irrevocable negativa del señor Fuenlabrada, así también vencen los patriotas y logran declarar un gobierno propio, libre de los lazos de un país colonizador.
Nino es un personaje inquieto, con metas altas, casi imposibles, en la época en que le tocó vivir, de alcanzar para un niño huérfano, sin una familia de apellido noble, sin dinero heredado o logrado por su actividad comercial; sin embargo logra realizarse, aprende a escribir, lucha, se arriesga, nunca se muestra desesperanzado ni desvalido a pesar de su humilde origen: abandonado, amamantado por una esclava negra. No se resigna a su destino de expósito que no tiene derecho a aprender a leer y que debe resignarse a tareas de servidumbre para familias adineradas. Él lucha por lo que quiere: aprender a leer, ser escritor, conseguir el amor de Lucía y casarse con ella.
La clave es la acción, el fortalecimiento de los valores y el crecimiento personal a través del esfuerzo, la perseverancia, la constancia tanto en el plano personal como ciudadano. Él se convirtió en un héroe, en su vida personal, superando las pruebas y demostrando que era merecedor del amor de una joven de sociedad y en la vida de su ciudad, demostrando a su maestro, que él también, puede ser el mejor aprendiz de escritor, de periodista y de hombre patriota que toma como armas las palabras que transmiten las ideas y libertad, igualdad y superación constante.

Prof. María Verónica Yubrin
Noviembre de 2016
Para el Seminario de Literatura Infantil-Juvenil dictado
por la Prof. Lidia Blanco en La Nube



[1]pág. 60

Reseña

Pistas para encontrar el camino al propio conocimiento


 

Gambaro, Griselda.
Los dos Giménez. Buenos Aires. Alfaguara, 2011.
Ilustraciones de Roberto Cubillas
 

Los dos Giménez se presenta como una novela policial clásica, con los elementos típicos del género: un crimen, un detective, pistas, sospechosos, una investigación, pasos fallidos, caminos que llevan a falsos culpables…, pero también como una novela que invita a leer en su recorrido otras historias, o mejor dicho, a realizar otras lecturas que, además de la búsqueda de culpables pone al servicio de los jóvenes lectores otras búsquedas: de respuestas, de posiciones frente a dilemas tales como la justicia, la moral, la verdad y también sobre qué son en realidad estas dimensiones que conforman nuestra personalidad.
Es toda la novela, un escenario de dualidades que el lector irá descubriendo a medida que avance en la trama, comenzando desde el título que nos plantea que nos encontraremos con dos personajes de apellido Giménez. ¿Serán hermanos? ¿Será el mismo con dos personalidades? ¿Serán contemporáneos? ¿Habrá otra clase de parentesco? Es esta una invitación a una atmósfera donde se nos presentará a lo largo de la historia el encuentro con situaciones dobles, dentro de la historia y en los elementos narrativos del texto.
Nos introduce en la historia y en el espacio una voz que se presenta como plural, colectiva…

Cuando pensamos, efectivamente, que nada alterará las costumbres ni la convivencia, cualquier hecho de siniestra naturaleza nos despierta del sopor y nos obliga a permanecer con el alma en un hilo.
Y es porque es la voz del pueblo, quien se muestra, en este primer momento, como el presentador de esta obra, callado testigo de los hechos que nos irá mostrando las acciones, las dudas, las emociones de los implicados en este primer crimen que se sucede en el pueblo de Pico Dormido. Pero una vez que nos coloca en este escenario, este pueblo casi imperceptiblemente cambia de voz y se convierte en un omnisciente narrador en tercera persona, que nos lleva a recorrer todo el pueblo, nos narra sus recuerdos y nos relata las emociones y pensamientos de sus habitantes, sobre todo de aquellos que de alguna manera están parados en el escenario de esta obra que se presenta dramática, aunque con logrados y sofisticados momentos de humor. Aquí otra dualidad que nos permite entender que aún, en situaciones de dramatismo, podemos considerar que puede haber otros planos menos críticos y dolorosos en la diversidad de los habitantes de este rústico pueblo del interior de nuestro país.
El perro le movió la cola y Giménez lo miró malévolo, era muy inteligente y solo le faltaba hablar. ¿Y si detuviera al perro? [...] ¿Pero cómo lo llevaría preso? ¿Esposado, con bozal, a patadas y empujones tironeando de la correa? Y cuando le quitara el bozal, ¿cómo lo interrogaría? Le contestaría con ladridos. Sumado a estos inconvenientes, también el perro tenía una buena coartada: en el agobio del día había dormido la siesta en su cucha…
Llega a ser tanta la desesperación de este ayudante del comisario, devenido en investigador, que piensa en llevar como sospechoso a un perro.
Cumple esta novela con todos los requisitos de la novela policial clásica, pero además, introduce algunos aspectos del policial negro al mostrarnos que, una vez hallado al culpable, no es ese el objetivo final de la trama, sino la historia de la duda, el surgimiento de una angustia en el personaje principal de tener que tomar una decisión. A partir de entonces estamos frente al debate entre resolver el caso o callar para proteger, para preservar un sentimiento que surge de los recuerdos y de la compasión. Es una invitación a la participación activa del lector a tomar también una postura e ir acompañando el devenir de los hechos, participando en las mismas dudas que el personaje/investigador. Nadie puede quedar indiferente frente a esta otra dualidad que presenta la historia: mostrar la verdad u ocultarla; seguir los pasos de la ley, abstracta, ciega, imparcial o escuchar los sones de otras leyes, de la amistad, de la contemplación de las circunstancias. Hay también una crítica al sistema establecido y a sus actores funcionales a él: un comisario incompetente, inescrupuloso, que solo piensa en un ascenso y no comparte con su ayudante, convertido en investigador, los ideales de justicia y verdad.
El personaje de Facundo Giménez se construye a la luz de su entorno, un jefe de laxa moral, compañeros poco diestros en su oficio, empleados y funcionarios que trabajan a desgano y con pocas ilusiones. Incluso la víctima se muestra como un ser que si bien, se deja muy en claro que no merece la muerte, ni la forma en que le llegó, se vinculaba con sus vecinos de manera ventajosa y usurera. En este contexto, el protagonista no se deja contaminar por esta atmósfera de casi nula superación personal y profesional y se erige como una especie de líder que poco a poco va mostrando a los personajes de su pueblo cuál es el camino a seguir, cuál es el camino que él eligió y con el cual llegó a la verdad.

El comisario Epiconsaitt se opuso terminantemente, tanto a cerrar la causa como a dicho veredicto, considerando que así se agraviaba no solo a la justicia sino también a su propia persona. Adiós a sus ilusiones de aparecer con uniforme de gala en televisión o en la tapa de los diarios; humo su ascenso a comisario mayor.
[...] El crimen se esclarecería, aunque tuviera que estrangular al ayudante Giménez para obtener resultados.
Ajeno a estos propósitos sangrientos del comisario, el ayudante Giménez tampoco pensaba abandonar la investigación, si bien por otras razones. Tenía un afán justiciero y ni soñaba con ser ascendido, seguía la investigación porque quería resolverla.

Pico Dormido es un pequeño pueblo, con escasos recursos para tener un detective, de ahí que ante este primer caso de asesinato, el comisario encarga esta búsqueda del culpable a su ayudante en la comisaría que, entre otras funciones, también realiza trabajos de jardinería y reparaciones en su casa. Esta búsqueda, será también la búsqueda de su identidad, de su lugar en esa comunidad de hombres y mujeres simples y, de alguna manera, también del amor.
¿Quién es el otro Giménez? Podría llegar a ser el que completa al primer Giménez. Facundo y Francisco se complementan y colaboran mutuamente en la construcción de sus vidas. Son amigos y antagonistas por momentos; son perseguido y perseguidor, pero la búsqueda de verdad y justicia los hace comprender la necesidad de ceder y resolver sus cuestionamientos morales.
¿Puede el lector implícito descifrar el misterio, discernir cuál es el verdadero secreto a resolver en esta historia? Están dadas todas las condiciones para que un lector atento pueda adquirir estrategias para leer los signos que en el relato se presentan. Tanto personajes como las voces narradoras que aparecen, dejan los intersticios necesarios para que el lector construya con su mirada personal el significado íntimo y único que cada lectura provoca.
El juego de los dobles se presenta en múltiples aspectos y elementos de la historia, como ya lo mencionamos: en las voces narrativas (primera/tercera; plural/singular), el clima tenso/distendido por momentos de humor, los dos Giménez. Pero también nos encontramos con las dos historias de ambos Giménez, con dos culpables, uno voluntario y el otro sin la voluntad de delinquir, dos caminos a tomar, la presencia de dos clases de conducta moral en un pueblo que posee dos posibles fechas de fundación.
Pero como las dos letras t del comisario Epicosaintt, que luego se transforman en una, la historia puede mostrar, y ser esa una de sus posibles lecturas, que el camino a tomar siempre debe ser uno, el que uno se decida a construir, pasando por dudas, búsquedas, renuncias, decisiones, diferentes tomas de postura frente a un mismo hecho. Que una historia posea estas ventanas y abra el juego a sus lectores indica que estamos frente a una posibilidad de brindar a los jóvenes una posibilidad de enfrentarse a una lectura que les permita construir significados y conocer cómo es la formación de la propia personalidad y ahondar en el propio conocimiento a partir de las decisiones que se aprenden a tomar.

Los dos Giménez es una oportunidad de mostrar a los jóvenes lectores un ejemplo de cómo se construye una trama policial, pero también es una oportunidad para brindar una lectura enriquecida por las múltiples capas de interpretación que propone para formar a un lector activo, inquieto, comprometido y siempre en búsqueda de su propia definición como lector.

Profesora María Verónica Yubrin