domingo, 25 de noviembre de 2012

Esa zorra y yo


De lo que me hizo una zorra cuando me vio 

que tenía un pedazo de queso en el pico



     Un día encontré un pedazo muy grande de queso y me subí a un árbol para comerlo más tranquilo y sin que nadie me molestara. En eso, pasó la zorra y de una manera muy rara, pues nunca me había hablado así en su vida, comenzó a decirme:
-Don Cuervo, hace ya mucho tiempo que he oído hablar de tus perfecciones y de tu hermosura. Aunque mucho te busqué, recién ahora te veo y observo que sos muy superior a lo que me decían. Para que veas que no me propongo lisonjearte te diré, junto con lo que los demás dicen de vos , todos  aquellos defectos que te atribuyen. Todo el mundo dice que como el color de tus plumas, ojos, pico, patas y garras es negro, y este color no es tan bonito como otros colores, el ser todo negro te hace muy feo, sin darse cuenta de que se equivocan, pues aunque es verdad que tus plumas son negras, su negrura es tan brillante que tiene reflejos azules, como las plumas del pavo real, que es el ave más hermosa del mundo, y, aunque tus ojos son negros, el color negro es para los ojos mucho más hermoso que ningún otro, pues la propiedad de los ojos es ver, y como el negro hace ver mejor, los ojos negros son los mejores, por lo cual los ojos de la gacela, que son más oscuros que los de los otros animales, son muy alabados. Además, tu pico y tus garras son mucho más fuertes que los de ninguna otra ave de tu tamaño. También tenés, al volar, tanta ligereza, que podés ir contra el viento, por recio que sea, lo que ninguna otra puede hacer tan fácilmente como vos. Fuera de esto estoy convencida de que en todo sos tan perfecto y como Dios no deja nada imperfecto, estoy segura de que no te habrá negado el don de cantar mucho mejor que ningún otro pájaro. Y, como Dios me hizo el favor de que te encontrase, y contemplo en vos más perfecciones de las que oí, toda mi vida me tendría por dichosa si te oyese cantar.
¡Qué manera de hablar! –dije entre mí. En ese momento decidí que ella sería mi gran amiga. Me gustó tanto tanto todo lo que me dijo, (que además era todo verdad), que cometí el peor de los errores: me dejé engañar por sus halagüeñas palabras y canté. Abrí la boca y canté. Y ese fue mi gran error.
Conmovido, pues, por sus elogios y por sus ruegos para que cantara, abrí el pico, con lo que cayó el queso en tierra. La zorra lo agarró y huyó con él. De esta manera me engañó haciéndome creer que era muy hermoso y que tenía más perfecciones de lo que era verdad.

¡Qué tonta! Tal vez, si me lo pedía, se ahorraba tantas palabras y yo se lo daba, si total, no tenía tanta hambre…